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En esta ocasión, desde Grocín en Navarra, presentamos las imágenes de la Ermita de Santa María Magdalena

Cercana a la población se sitúa la Ermita de Santa María Magdalena, una sencilla construcción de origen medieval de la que únicamente se conserva la cabecera rectangular con contrafuertes, posteriormente se transformó con una nave rectangular.

Es difícil averiguar la fecha de su construcción a causa de las modificaciones que ha sufrido a lo largo de su historia. Así, podemos ver como su basamento tiene unas paredes mucho más anchas que la posterior elevación de los muros y cornisa; además tiene una ampliación por la parte de los pies,  hecha posiblemente en la reforma del s. XVI o la del XVIII. Podemos enmarcar la ermita dentro del románico rural de finales del  S. XII comienzos del XIII.

Está situada en la parte norte del pueblo, en un rellano en el que también podemos encontrar una sepultura medieval (de dos piezas de 180 cm. de interior), otra perteneciente a un niño (por sus dimensiones reducidas) y otros enterramientos en la parte sur del rellano, no excavados.

Del interior de la ermita podemos destacar una hornacina  de medio punto, sostenida por dos columnas que terminan en flores de cinco pétalos. La columna de la derecha es reconstrucción del año 2.005, cuando además se hace la techumbre y suelo y se modelan las fachadas y el entorno.

En el  exterior destacan los canecillos de ambos lados de la cabecera, algunos de ellos deteriorados o mutilados; su importancia reside en su significado como lección moralista. Tampoco importa si fue éste el lugar original para el que se crearon o si fueron trasladados en los años posteriores desde la iglesia de San Martín. En los dos lados, norte y sur, encontramos el ajedrezado Jaqués (muy común en el camino de Santiago) como  durmientes para apoyar el tejado y, por debajo del mismo, en la unión de los taqueados, los canecillos en forma de paloma, águila, serpiente, tonel, caras o cabezas, sirenas, espirales, atributos masculinos etc.,  a modo de catecismo ilustrado, para poder discernir entre el bien y el mal, lo efímero y lo eterno